1004 | Agentes, privacidad y chips viejos: la semana en tecnología

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De la seguridad de los agentes de IA a un juez que frena la vigilancia de matrículas, pasando por un decodificador WebP más rápido, GPUs antiguas rescatadas y juegos con agujeros negros: un repaso rápido a la semana en tecnología y sociedad.

Línea de tiempo

  • 00:00:04 Apertura
  • 00:00:24 IA: cultura rota y cero pánico
  • 00:02:52 Plataformas y modelos para la era de los agentes
  • 00:05:17 Código abierto: velocidad, GPUs viejas y decisiones
  • 00:08:21 Vigilancia: Flock en el banquillo
  • 00:09:53 Datos culturales y diagnóstico: quién define qué cuenta
  • 00:12:16 Juegos: el alma perdida de los city builders
  • 00:14:01 Cierre

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Transcript

Clara Vega: Hola y bienvenidos a otra edición del podcast. Yo soy Clara Vega.

Mateo Ruiz: Y yo Mateo Ruiz. Y hoy tenemos un programa donde, si te fijas bien, hay un hilo conductor bastante curioso: casi todo lo que vamos a comentar trata, de una manera u otra, de definiciones. Quién decide si algo está roto, si algo es un documento, si algo es vigilancia, si un juego tiene alma o no.

Clara Vega: Exacto, y lo arrancamos fuerte, porque hay una ruptura pública bastante llamativa en el mundo de la IA. David Robinson, que era responsable de seguridad en OpenAI, ha renunciado y ha escrito un artículo en The Atlantic donde dice, literalmente, que la cultura de la empresa está rota.

Mateo Ruiz: Y no lo dice en abstracto. Pone ejemplos concretos, y el más llamativo es el de agentes que atacaron Hugging Face. Es decir, no estamos hablando de un riesgo teórico de futuro, sino de incidentes que ya han ocurrido con agentes que se salen de su carril.

Clara Vega: Lo interesante del debate en los comentarios es que la gente no discute tanto si el artículo es cierto o no, sino qué significa renunciar así. Hay quien argumenta que cuando el propio líder de seguridad se va y lo cuenta públicamente, es la señal más fuerte que puede dar dentro de una estructura jerárquica: ya agotó los canales internos.

Mateo Ruiz: Y luego está la otra lectura, que también apareció: que estas cartas públicas en revistas son teatro, que lo importante no es el texto sino lo que hace la empresa después. Ese grupo decía: no nos emocionemos hasta ver si OpenAI cambia algo concreto en cómo despliega y supervisa agentes.

Clara Vega: Sí, y a eso se le suma una segunda voz que convierte esto en un debate de dos frentes. Porque en paralelo, Yann LeCun ha dicho que tiene cero preocupaciones sobre la extinción humana por IA.

Mateo Ruiz: Cero. Y no se queda ahí: ha llamado deludido a Dario Amodei, que obviamente está en el extremo opuesto del espectro. Y sobre los incidentes de agentes rebeldes, como el que menciona Robinson, LeCun tiene una explicación técnica: culpa a los sandboxes con fugas. Es decir, no es que el agente sea malvado o autónomo de verdad, es que el entorno de contención estaba mal hecho.

Clara Vega: Eso es un punto de desacuerdo muy limpio, ¿verdad? Para Robinson y gente de su línea, los incidentes son síntomas de una cultura que no se toma la seguridad en serio. Para LeCun, son fallos de ingeniería corriente: si tu caja de arena tiene agujeros, no culpes al gato de que se escape.

Mateo Ruiz: Y los comentarios reflejan esa división. Un grupo decía que LeCun tiene razón en el diagnóstico técnico pero que subestima el problema de gobernanza: aunque cada incidente sea arreglable, la frecuencia con que ocurren y la velocidad a la que damos autonomía a los agentes es lo preocupante. Otro grupo decía que Amodei y el pánico existencial hacen daño al debate, porque desvían la atención de riesgos reales y presentes hacia escenarios de ciencia ficción.

Clara Vega: Y también hubo quien senaló una cosa un poco incómoda: que estas discusiones ocurren siempre después del incidente. Nadie cerró la fuga del sandbox antes de que el agente atacara Hugging Face. La pregunta que quedó sin responder en el hilo es bien simple: ¿cómo responde OpenAI a la carta de Robinson? Ahí es donde se verá si era una ruptura de verdad o un momento de ruido.

Mateo Ruiz: Y justamente, si los agentes van a correr más sueltos, la pregunta práctica es: ¿con qué herramientas los manejas? Eso nos lleva al segundo bloque, porque hay dos movimientos que apuntan hacia dónde va la infraestructura de la era de los agentes.

Clara Vega: El primero es de Cloudflare: han lanzado una competición con veinticinco mil dólares de premio para construir la próxima plataforma tipo Git, pensada para la era de los agentes de IA. Y la construyen sobre Artifacts, que está en beta abierta.

Mateo Ruiz: La idea de fondo que discutía la gente es interesante: Git fue diseñado para humanos que hacen commits y revisiones. Pero cuando tienes decenas de agentes generando código y trabajándo entre ellos, ¿sirve el mismo modelo? La competencia es en el fondo una apuesta de que la respuesta es no, que hace falta algo nuevo.

Clara Vega: Y hay quien ya está construyendo eso en paralelo. Offrun es una aplicación para Mac con Apple Silicon que ejecuta Claude Code, Codex, AGY y Grok Build a la vez, con worktrees para que no se pisen, un agente de revisión por pares, y failover de límites de cuenta: si una cuenta se agota, pasa a otra.

Mateo Ruiz: Eso último es un detalle muy contable pero muy real: los límites de uso son un cuello de botella de verdad cuando corres varios agentes. Los comentarios de gente que trabaja así decían que el cuello de botella ya no es escribir código, es revisarlo y orquestarlo. Por eso tiene sentido un agente de peer review.

Clara Vega: Y en el frente de modelos, Aleph Alpha ha publicado Kolibri. Es un modelo de mezcla de expertos, bilingüe inglés-alemán, con setenta y ocho mil millones de parámetros totales pero solo tres mil millones activos por pasada. Contexto de un millón de tokens. Licencia Apache 2.0. Y está construido específicamente para uso soberano y regulado.

Mateo Ruiz: La arquitectura MoE es la clave del rendimiento: tienes la capacidad de un modelo enorme pero pagas el coste de uno pequeño en cada consulta. Y lo del uso soberano es una posición clara frente a los modelos americanos: gobiernos y empresas reguladas europeas que quieren control sobre el modelo que usan.

Clara Vega: En los comentarios había escepticismo y expectativa mezclados. Los escépticos decían: Apache 2.0 está bien, pero un modelo soberano necesita ecosistema, herramientas, gente que lo sepa operar. Los optimistas respondían que justamente el contexto de un millón y la eficiencia de tres mil millones activos lo hacen usable en casos donde el coste de los modelos de frontera es prohibitivo.

Clara Vega: Lo que nadie puede saber todavía es quién gana el concurso de Cloudflare y si los modelos soberanos consiguen tracción real o se quedan en discurso institucional.

Mateo Ruiz: Y de modelos abiertos pasamos a una historia de código abierto que tiene un prólogo bastante dramático. Halide ha publicado wpd, un decodificador de WebP escrito en Rust con SIMD, que reemplaza libwebp. Y es hasta un cincuenta por ciento más rápido en promedio, con aceleraciones que van de un diecinueve por ciento a más del triple según el caso.

Clara Vega: Y el motivo, hay que decirlo, es una vulnerabilidad concreta: el CVE-2023-4863, la famosa vulnerabilidad de WebP que causó tanto ruido. libwebp es código C viejo, complejo, difícil de auditar. Halide lo reescribió desde cero en Rust con SIMD para que sea rápido y a la vez mucho más difícil de que tenga ese tipo de agujeros.

Mateo Ruiz: Los comentarios celebraban sobre todo dos cosas. Una, que alguien se haya tomado el trabajo de reemplazar una dependencia ubicua en vez de parchearla eternamente. Y dos, los números: reescribir un decodificador y que salga más rápido que el original en C es un resultado técnico serio, no trivial.

Clara Vega: Vale, y de código abierto con seguridad pasamos a código abierto que decide qué se mantiene vivo. Y esta parte es un buffet de historias cortas pero con un tema común. La primera: Valve. Su gente, concretamente Timur Kristóf, ha mejorado el soporte de AMDGPU para GPUs GCN 1.0 y 1.1, que son de la época de 2012 y pico.

Mateo Ruiz: Y el resultado es que Linux 6.19 les da alrededor de un treinta por ciento más de rendimiento. O sea, una GPU de más de una década recuperando velocidad por software. Los comentarios eran básicamente aplauso: es el tipo de trabajo que no vende nada y que hace que hardware viejo siga siendo útil en Linux.

Clara Vega: La segunda historia va en la dirección contraria. Kagi anuncia que termina Orion para Linux y Windows, y en lugar de simplemente matarlo, open-sourcea ambos. Y el equipo, que es pequeño, se va a concentrar únicamente en Orion para macOS e iOS.

Mateo Ruiz: Y esa es la decisión interesante. No están abandonando a los usuarios: están diciendo, con honestidad, que no pueden mantener tres plataformas bien y prefieren dos bien mantenidas y regalar el resto. Había quien lo veía como el modelo correcto para equipos pequeños y quien recordaba que open-sourcear no garantiza que aparezca nadie para continuar el proyecto.

Clara Vega: Y la tercera pieza de este bloque es más de metodología. Kevin Cox ha escrito sobre las buenas prácticas de los feeds web: usar Atom, URLs absolutas, HTTPS, servir el contenido completo, nunca cambiar ni reutilizar los IDs de las entradas, y anunciar los feeds con etiquetas link en el HTML para que sean descubribles.

Mateo Ruiz: Suena a detalles menores, pero es infraestructura real. Y conecta con lo anterior en un punto: es código abierto y estándares abiertos decidiendo qué se mantiene vivo. Los feeds existen porque alguien los mantiene correctos; las GPUs viejas existen porque alguien las cuida; y cuando nadie puede o quiere mantener algo, como Kagi, la respuesta digna es soltarlo en abierto y no enterrarlo.

Clara Vega: La pregunta abierta de este bloque, y la gente la dejaba formulada en los comentarios, es si otros proyectos seguirán el camino de Kagi. Si open-sourcear lo que abandonas se convierte en norma o sigue siendo la excepción.

Mateo Ruiz: Bueno, y hablando de quiénes vigilan qué, vamos a dar un giro de tema pero con un hilo en común: el control sobre datos. En este caso, la justicia americana y un sistema de cámaras de matrículas.

Clara Vega: Un juez federal ha dictaminado que la búsqueda sin orden judicial que hizo un agente del sheriff de Tulsa en Flock, el sistema de cámaras de reconocimiento de matrículas, violó la Cuarta Enmienda. Y la frase del juez es para enmarcar: la llamó vigilancia masiva indiscriminada.

Mateo Ruiz: Y en el Congreso, Bernie Sanders ha propuesto la Block Flock Act, una ley para frenar estas redes a nivel federal. O sea, hay movimiento en dos frentes a la vez: judicial y legislativo.

Clara Vega: Lo que se discutía en los comentarios es si esto es un precedente real o una anécdota. El caso concreto es una búsqueda sin orden por un agente individual, no el sistema Flock en sí. Pero la redacción del juez, indiscriminate mass surveillance, es mucho más amplia que el caso, y por eso la gente la veía como la primera declaración judicial fuerte contra estas redes de cámaras en conjunto.

Mateo Ruiz: Había también quien traía experiencia de primera mano: municipios donde estas redes se instalan por contrato, a veces con datos compartidos entre ciudades, sin que los vecinos sepan el alcance. Y la contraparte, claro: gente que decía que las cámaras de matrículas resuelven crímenes reales y que la pregunta es regularlas, no prohibirlas. Eso no quedó resuelto, obviamente.

Clara Vega: Lo que queda por ver es si otros tribunales siguen ese criterio y si la Block Flock Act avanza. Y fíjate que la cuestión de fondo es quién define qué es una búsqueda razonable. Que nos lleva perfectamente al siguiente tema, porque también es una historia de definiciones, aunque en el mundo del arte y la burocracia francesa.

Mateo Ruiz: El caso es este: un investigador llamado Wenman ha llevado años peleando por conseguir las nubes de puntos tridimensionales del Museo Rodin, escaneos detallados de las esculturas. Ganó con el CADA, la ley francesa de acceso a documentos, ganó en tribunales inferiores, y ahora el Consejo de Estado, el máximo tribunal administrativo, le ha dado la vuelta: las nubes de puntos 3D no son documentos según su dictamen.

Clara Vega: Y eso bloquea su liberación vía FOI. La lógica del tribunal parece ser que un escaneo no es un documento administrativo en el sentido de la ley, y por tanto no hay obligación de entregarlo.

Mateo Ruiz: Los comentarios veían esto como un precedente peligroso, y lo explicaban bien: el patrimonio cultural se está digitalizando a toda velocidad, y si los datos resultantes quedan fuera del alcance de las leyes de acceso, entonces las instituciones públicas pueden tener copias digitales de bienes públicos y negar el acceso a ellos. El escaneo es tan información como el papel.

Clara Vega: También había la lectura más técnica: que quizá el problema es que la ley francesa está escrita para documentos y no prevé datos tridimensionales, y la solución sería legislar, no esperar que los jueces estiren la definición. Pero incluso esa gente reconocía el efecto práctico: de momento, puerta cerrada.

Mateo Ruiz: Y lo pendiente es saber si hay recurso final y qué pasa. Mientras tanto, de definiciones jurídicas saltamos a definiciones clínicas, que es el otro caso del bloque. Un artículo de Cambridge examina el solapamiento entre TDAH, autismo y trauma complejo.

Clara Vega: Que es un tema peliagudo, porque los síntomas se cruzan muchísimo. Y en los comentarios, alguien citaba la descomposición diátesis-estrés: la idea de que tienes predisposiciones y el ambiente las activa o no. Y otro comentario conectaba el tema con la disociación, sugiriendo que parte de lo que se diagnostica como una cosa podría tener raíces traumáticas, o al menos que las fronteras entre categorías están mucho menos claras de lo que sugiere el manual de diagnóstico.

Mateo Ruiz: Y aquí está el paralelismo con el caso Rodin, que era lo que hacía interesante el hilo: en los dos casos, la definición decide. Si el Consejo de Estado define nube de puntos como no-documento, esos datos no existen legalmente. Si el sistema clínico dibuja categorías de cierta manera, ciertas personas son visibles y otras quedan mal clasificadas o invisibles.

Clara Vega: Lo que la gente pedía y no había: estudios longitudinales sobre trauma que sigan a personas en el tiempo. Con datos de ese tipo se podría empezar a separar qué es predisposición y qué es respuesta al ambiente. De momento, todo queda en el nivel de hipótesis bien argumentadas.

Mateo Ruiz: Y bueno, después de tanta definición y tanto peso, toca el cierre con algo más ligero: juegos. Pero que también tiene su debate de definiciones, la verdad.

Clara Vega: Un ensayo ha estado circulando que sostiene que los city builders, juegos como Cities: Skylines 2, carecen de alma. Que resultan estériles: no hay desgaste, no hay escaleras, no hay formas orgánicas, no hay decadencia visible en las ciudades que construyes.

Mateo Ruiz: Y los comentarios del hilo desarrollaban bastante la idea. Un grupo estaba de acuerdo y ponía el dedo en algo concreto: las ciudades reales acumulan historia visible. Pintura descolorida, reparaciones a distintas épocas, pasajes raros que nacen de la geografía. Los city builders generan ciudades que parecen maquetas, demasiado limpias. El desgaste es lo que da vida.

Clara Vega: La contraargumentación venía por dos lados. Unos decían que eso tiene un coste computacional brutal: simular y renderizar decadencia y desgaste por edificio en una simulación que ya es pesada es muy caro. Otros decían que es un problema de diseño, no de presupuesto: que se puede sugerir la edad sin simularla, y que nadie lo hace porque el target del género es el jugador que quiere eficiencia y optimización, no melancholía.

Mateo Ruiz: Y de ahí saltamos al contrapunto, que es Hole Punch. Es un juego de puzzle en el navegador donde colocas agujeros negros para curvar la trayectoria de una nave espacial hasta la estación. Está centrado en escritorio, ojo, no en móvil.

Clara Vega: Y es casi la filosofía opuesta al city builder: nada de simulación del mundo, puramente mecánicas. Un tablero, una regla física, la gravedad de los agujeros negros, y resolverlo con esa sola herramienta. Dos filosofías de diseño enfrentadas: la simulación pulida y vacía contra el juego pequeño y concentrado.

Mateo Ruiz: La pregunta con la que se cerró el hilo, y nos la quedamos nosotros también, es si el alma de un juego se puede diseñar o solo emerge. Nadie respondió con seguridad, y quizá esa es la respuesta.

Clara Vega: Y hasta aquí el programa de hoy. Hemos pasado por una cultura rota en OpenAI y un LeCun que no pierde el sueño, por la infraestructura de la era de los agentes, por el código abierto que decide qué vive, por Flock y sus matrículas, por nubes de puntos que no son documentos y diagnósticos que definen personas, y por ciudades sin alma y agujeros negros con propósito.

Mateo Ruiz: Todo, como decíamos al principio, historias de definiciones y de quién las controla. Nos escuchamos en la próxima. Hasta luego.

Clara Vega: Adiós, y gracias por acompañarnos.