
0930 | Agentes, datos y electricidad: la semana en tecnología
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De los agentes de IA y sus precios, a la vigilancia y el fraude, pasando por sistemas, energía y salud: un repaso a las noticias que están dando forma a la tecnología de esta semana, con lo que significan y lo que viene después.
Línea de tiempo
- 00:00:04 Apertura
- 00:00:48 La gran semana de OpenAI: agentes y precios
- 00:04:40 ¿Está fallando el hype? Calidad, diseño y fugas de la IA
- 00:07:49 Cuando los datos se usan en tu contra: apuestas y fraude
- 00:10:08 Vigilancia que no funciona y webs que pesan demasiado
- 00:12:29 Escritorios, sistemas y software bajo presión
- 00:18:35 Energía: baterías, discos y redes que sí funcionan
- 00:21:29 Salud, libros y un poco de cielo: el cierre humano
- 00:25:06 Cierre
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Este episodio es producido por Bri. Bri usa tecnología avanzada de IA para convertir los feeds que te importan en podcasts pensados para escuchar. Puedes escribirnos a hi@bri.so.
Transcript
Clara Vega: ¡Hola y bienvenidos a un episodio más del podcast! Soy Clara Vega.
Mateo Ruiz: Y yo soy Mateo Ruiz. Y hoy el hilo conductor, si se puede llamar así, es la sensación de que estamos en una semana donde la tecnología promete mucho... y a veces entrega bastante menos. Tenemos una semana gigante de anuncios de OpenAI, discusiones sobre si la IA de verdad es buena o solo parece buena, casos donde los datos se usan en tu contra, vigilancia que no funciona, software con problemas, y para cerrar, algo de energía, salud y hasta un poco de cielo.
Clara Vega: Sí, y como siempre, lo que queremos hacer aquí no es solo contar qué pasó, sino entrar en la conversación: qué se está discutiendo, dónde está el desacuerdo, qué experiencias de primera mano aparecen, y qué preguntas quedan abiertas. Empecemos por lo grande: la semana de OpenAI.
Mateo Ruiz: Totalmente. OpenAI tuvo su DevDay y, según el anuncio, fueron más de veinte anuncios en un solo día. Los que más se comentaron son cuatro: los agentes Dots, un modelo nuevo llamado GPT-6.1 Sol, algo llamado Astra Ultrafast, y una Decisions API construida sobre Luna. Es mucho en un solo día, y eso ya genera escepticismo por sí solo en los foros: cuando una empresa anuncia veinte cosas a la vez, la pregunta inmediata es cuántas de esas son reales y cuántas son postureo.
Clara Vega: Y de todos esos anuncios, el que más llama la atención es Dots. Según la descripción, son agentes siempre activos, es decir, no un chatbot que abres y cierras, sino algo que está corriendo permanentemente. Cada Dot tiene su propia computadora en la nube, integraciones con más de cuatro mil aplicaciones, y están disponibles en los niveles Pro y Business Premium. O sea, es un empleado digital que vive en un servidor y que puede tocar tus herramientas todo el tiempo.
Mateo Ruiz: Y ahí es donde la discusión se pone interesante. Hay quien ve esto como el futuro obvio: si los agentes van a hacer trabajo real, necesitan memoria persistente, necesitan su propio entorno, necesitan poder actuar sin que tú estés delante. Eso es exactamente lo que ofrece un Dot. La lógica es: el chatbot era una interfaz, el agente es un trabajador.
Clara Vega: Pero la contraargumentación también es fuerte. Varios comentaristas señalan que un agente siempre activo con acceso a cuatro mil aplicaciones es, en la práctica, un problema de seguridad y de control enorme. Si el agente se equivoca a las tres de la mañana mientras tú duermes, ¿quién responde? ¿Qué permisos tiene? ¿Cómo auditas lo que hizo? No hay buenas respuestas todavía, y eso es una pregunta genuinamente abierta.
Mateo Ruiz: Exacto, y no hay consenso. Hay gente entusiasmada y gente que dice "esto es una demo de marketing hasta que vea a un Dot hacer trabajo real durante una semana sin romper nada". Ambas posturas tienen sentido y ninguna está cerrada.
Clara Vega: El segundo anuncio grande es GPT-6.1 Sol. Y aquí el dato clave es el precio: según OpenAI, Sol ofrece una inteligencia casi igual a la de Astra, pero a un quinto del precio de Astra. Los números concretos son dos dólares por millón de tokens de entrada y diez dólares por millón de tokens de salida. Y en los benchmarks que citan, Sol iguala a Astra en DeepSWE y supera a Opus 5.5 en GDP.pdf.
Mateo Ruiz: Y eso, en el mundo de los modelos, es una declaración de guerra de precios. Si puedes tener casi lo mismo por un quinto del costo, la pregunta es por qué pagarías por Astra, salvo en los casos donde ese último cinco por ciento de calidad realmente importa. En los comentarios hay quien dice que esto es la madurez del mercado: los modelos commodity bajan de precio y la diferenciación se va al precio y a la integración, no a la inteligencia bruta.
Clara Vega: Y hay quien lo lee al revés: si OpenAI está dispuesto a canibalizar su propio modelo premium con uno cinco veces más barato, es porque siente presión competitiva real. No lo sabemos, y es una de esas cosas donde las dos lecturas son defendibles. Pero los benchmarks también generan su propia discusión, porque GDP.pdf no es exactamente un nombre que inspire confianza como medida de calidad real... y eso nos lleva justo al siguiente bloque.
Mateo Ruiz: Sí, porque el tercer anuncio es comercial: ChatGPT Pro estrena un nivel nuevo, Pro 500, a quinientos dólares al mes, que incluye el acceso Ultrafast. Y a la vez, Pro 200 vuelve para usuarios nuevos, pero con límites de uso más bajos. O sea, la escalera de precios se estira por ambos extremos: hay un nivel de lujo para quien paga quinientos dólares, y el nivel de doscientos ahora te da menos por lo mismo.
Clara Vega: Y la reacción en la discusión es bastante dividida. Hay quien dice que es lógico: los usuarios intensivos de agentes consumen muchísima computación, y alguien tiene que pagar por eso; segmentar por precio es lo normal en cualquier industria. Otros dicen que es una mala señal: si tienes que subir el precio de acceso y recortar los límites del plan intermedio, es porque los costos no cuadran, y eso contradice la narrativa de que los modelos son cada vez más baratos de operar.
Clara Vega: Es una tensión real que no está resuelta.
Mateo Ruiz: Y justo ahí conecta con la pregunta que dejamos pendiente: ¿son estos agentes y estos modelos realmente buenos, o solo parecen buenos? Porque hay toda una conversación paralela esta semana sobre la calidad real de la IA.
Clara Vega: Empecemos con la historia que más se compartió: el fundador de Railcode hizo la web de su empresa con vibe coding, o sea, básicamente describiendo lo que quería a un agente y dejando que este iterara. Y la anécdota es que la gente le preguntaba qué diseñador había usado, porque el resultado era visualmente bueno. Y en la discusión, la tesis que más se repite es que iterar con agentes es diseño.
Clara Vega: Que no hace falta ser un diseñador profesional para tomar decisiones estéticas; que el gusto y la iteración constante ya producen buen diseño.
Mateo Ruiz: Y ahí hay un desacuerdo genuino. Una parte dice que esto demuestra que el "diseño" como oficio se está democratizando, que el ojo entrenado más un agente que itera rápido es suficiente. La otra parte dice que lo que ve la gente en esa web es un diseño competente pero genérico, el tipo de diseño que la IA produce porque ha visto millones de webs bonitas, y que le falta lo que un diseñador humano aportaría: opinión, riesgo, una identidad propia. Es la diferencia entre "está bien" y "es memorable".
Mateo Ruiz: Y francamente, ambas lecturas pueden ser ciertas a la vez.
Clara Vega: Lo que sí es interesante es que nadie en la discusión niega que el resultado funcionó. La pregunta es qué significa ese funcionar. Y esa misma ambigüedad aparece en el caso del estadístico Nicholas Polson, que según los registros académicos publicó doscientos cincuenta y ocho papers en 2026. Doscientos cincuenta y ocho en un año.
Mateo Ruiz: Es un número que simplemente no es compatible con la forma tradicional de hacer ciencia. Y la reacción en los comentarios no es tanto moral como estadística: la sospecha generalizada es que hay uso intensivo de IA en la generación de esos trabajos. La parte más punzante de la discusión es puramente lingüística: su nombre al revés es "noslop", y la internet hizo lo que hace con ese tipo de coincidencias.
Mateo Ruiz: Pero detrás del chiste hay una pregunta seria: si se pueden producir cientos de papers al año, ¿qué valor tiene la firma individual? ¿Cómo distingue la comunidad lo que vale de lo que no?
Clara Vega: Y nadie lo sabe. Eso es lo que queda abierto. La productividad aparente se disparó, pero nadie ha demostrado que la calidad la siguió. Es exactamente lo contrario del caso de Railcode, donde la calidad aparente era visible, pero nadie sabe si es buena a largo plazo. En ambos casos, la señal externa ya no te dice mucho.
Mateo Ruiz: Y justo cuando hablamos de señal externa que no te dice mucho, entra el tercer elemento de este bloque, que es el más preocupante: un estudio encontró que los proveedores de chatbots de IA están filtrando información a rastreadores. Y no es poca cosa: filtran títulos de conversaciones, los prompts en sí, capturas de pantalla, y enlaces permanentes que quedan desprotegidos. Todo eso va a terceros con identificadores de usuario persistentes.
Clara Vega: Eso significa que, en teoría, alguien con acceso a esos datos de rastreo podría reconstruir qué le preguntas a un chatbot, atado a tu identidad, a lo largo del tiempo. Y lo que se discute es si esto es negligencia técnica o una decisión deliberada de producto. Los defensores dirían que son integraciones de analítica mal configuradas, cosas que se escapan. Los críticos dirían que los IDs persistentes no se "escapan", se ponen ahí a propósito, porque alguien quiere vincular esos datos.
Mateo Ruiz: Y esa es la pregunta que queda en el aire: si la IA genera toda esta actividad, toda esta data sensible, ¿quién está vigilando cómo se usa? Y es que ese tema, el uso de datos en tu contra, no es exclusivo de la IA. Mira lo que pasó con DraftKings.
Clara Vega: Exacto, y este caso es tan concreto que da escalofríos. DraftKings, una de las plataformas de apuestas más grandes de Estados Unidos, usa inteligencia artificial sobre los registros de apuestas de sus propios usuarios para identificar a los jugadores con más probabilidad de perder. Y cuando los identifica, los bombardea con promociones. O sea, el algoritmo no está ahí para protegerte; está para encontrar a la gente más vulnerable y empujarla a apostar más.
Mateo Ruiz: Y la respuesta institucional, según la noticia, es que la EFF está pidiendo prohibir la publicidad conductual. Y aquí la discusión tiene varias capas. La primera es regulatoria: ¿es esto legal hoy? Aparentemente sí, porque no hay una prohibición específica de usar datos para identificar a perdedores y dirigirles marketing.
Mateo Ruiz: La segunda es ética: hay quienes dicen que es simplemente la lógica del negocio de las apuestas llevada a su conclusión, que el casino siempre ha buscado al jugador que pierde, solo que ahora con cirugía de precisión. Y la tercera es la pregunta del "¿dónde está la línea?": porque la misma tecnología que te avisa que alguien tiene un problema de juego podría usarse para protegerlo, y en cambio se usa para explotarlo.
Clara Vega: Ese es el punto que más repite la discusión: la herramienta es simétrica, el uso no. Y no hay ninguna señal de que esto vaya a cambiar por sí solo; la EFF tiene que pelearlo a nivel regulatorio, y eso tarda años.
Mateo Ruiz: Y en paralelo, hay otro caso de uso de datos en tu contra, aunque de una naturaleza totalmente distinta: fraude puro y duro. Inspectores del USPS acusaron a un nacional paquistaní por un sitio llamado LabelsBank.com. El esquema: unos cinco punto uno millones de etiquetas de envío falsificadas, vendidas a dos dólares cada una, con pérdidas para el servicio postal de más de ciento veintiséis millones de dólares.
Clara Vega: Y lo llamativo es la escala y la simplicidad. No es un hack sofisticado; es vender etiquetas falsas a precio de ganga a la gente que envía paquetes, y que el coste lo absorba el sistema postal. La conexión con el caso anterior es el patrón: usar el flujo de datos, o en este caso el flujo de paquetes, para extraer valor a costa del sistema. Uno es legal y el otro es fraude, pero ambos explotan un hueco donde nadie está mirando.
Mateo Ruiz: Y justo, la mirada, la vigilancia, es el tema del siguiente caso, donde la vigilancia existe, es cara... y no funciona. Vamos a Londres.
Clara Vega: Londres hizo un ensayo de reconocimiento facial en sus estaciones durante seis meses. Y los números del resultado son devastadores: escaneó más de quinientas mil caras, costó trescientas veinte mil libras, consumió cien horas de trabajo policial, y produjo un solo falso positivo y cero arrestos. Cero.
Mateo Ruiz: Es prácticamente el resultado nulo perfecto. Quinientas mil escaneos para cero arrestos. Y en la discusión sobre esto hay varias lecturas. La más obvia es la de eficacia: trescientas veinte mil libras es dinero que, gastado en otras formas de policía, casi seguro habría producido resultados.
Mateo Ruiz: La segunda es sobre la naturaleza de la tecnología: hay quienes argumentan que el reconocimiento facial en movimiento, con cámaras de vigilancia de calidad variable, con gente en movimiento, simplemente no tiene la precisión para este caso de uso, y que el falso positivo único es casi milagroso, porque en otros despliegues los falsos positivos han sido muchos más.
Clara Vega: Y la tercera lectura, que me parece la más incómoda, es la del costo en derechos. Quinientas mil personas fueron escaneadas sin que la inmensa mayoría supiera nada, para obtener cero resultados. El costo social fue real y el beneficio fue nulo. Y eso plantea la pregunta de si este tipo de ensayos se hacen porque alguien quiere justificar la compra de la tecnología, no porque haya evidencia de que funcione.
Mateo Ruiz: Y esa idea de tecnología cara que no funciona tiene un eco curioso en otro caso, este mucho más mundano pero igual de ilustrativo: la nueva web de la Casa Blanca, america.gov. La página pesa veinticinco megabytes, y suspende las pruebas de accesibilidad WAVE, es decir, falla el test de accesibilidad estándar. Y mientras tanto, usa.gov, el sitio antiguo, sigue existiendo y pesa ochocientos kilobytes.
Clara Vega: Veinticinco megabytes frente a ochocientos kilobytes. Es una diferencia de más de treinta veces, y en dirección contraria a la evolución tecnológica: el sitio nuevo es más pesado, menos accesible, y no reemplaza al viejo. Y en la discusión hay quien ve esto como el símbolo perfecto de cómo se hacen las webs institucionales hoy: frameworks pesados, scripts de tracking, imágenes sin optimizar, y accesibilidad como algo que se ignora.
Clara Vega: Y otros apuntan a lo obvio: el sitio viejo era más ligero y más accesible, así que la pregunta es para qué se hizo el nuevo.
Mateo Ruiz: Y creo que ahí hay una lección que conecta con Londres: en ambos casos hay un despliegue tecnológico caro y moderno que produce peores resultados que lo que reemplaza o que alternativas más simples. Eso, en software institucional y en vigilancia, es un patrón. Y me hace pensar en el software que sí recibe atención de calidad, o que al menos se debate a fondo. Vamos al mundo del escritorio y de los sistemas.
Clara Vega: Empecemos por el que más se ha comentado: macOS 27, que se llama "Golden Gate". Y la etiqueta oficial es que es una versión de corrección de bugs, una versión de estabilización. Y el problema, según los reportes, es que llega llena de errores de interfaz: iconos desalineados, la barra de menú se cae, la búsqueda está rota, y hay restos de contenido de Tahoe, la versión anterior, que no se limpiaron.
Mateo Ruiz: Y esto genera una discusión recurrente cada vez que pasa: ¿qué le pasa a Apple con la calidad del software? Hay quien defiende que las versiones de bugs siempre tienen problemas residuales, que la complejidad del sistema es enorme y que los reportes se concentran en los casos más visibles.
Mateo Ruiz: Pero la réplica es contundente: una versión anunciada específicamente como de estabilización que rompe la búsqueda y tumba la barra de menú no es un problema de complejidad, es un problema de proceso y de pruebas. Y el detalle de que quede contenido de la versión anterior sugiere que el ciclo de lanzamiento está apretado por el calendario, no por la calidad.
Clara Vega: Y la consecuencia práctica es que los usuarios ya no confían en actualizar rápido. Ese es el daño real: si la recomendación implícita de la comunidad es "espera a la versión punto uno", Apple ha perdido algo que antes daba por sentado.
Mateo Ruiz: Y en el mundo del software de consumo, otro anuncio con implicaciones a largo plazo: Google terminará el soporte de ChromeOS en 2034, dos años antes de lo que estaba previsto. Y la razón, según el anuncio, es empujar los Chromebooks hacia el nuevo Googlebook OS, con licencias de pago nuevas.
Clara Vega: Y aquí la discusión es sobre qué significa esto para la base instalada. Hay Chromebooks comprados en los últimos años que justamente se vendían por su longevidad de soporte. Terminar dos años antes, y encima pedir licencias de pago para la migración, es para muchos un incumplimiento de la promesa implícita del producto.
Clara Vega: La lectura más cínica es que Google está haciendo lo que hace: abandonar productos cuando dejan de servir a la estrategia, y ahora con una capa de monetización encima del abandono. La lectura más generosa es que una migración de plataforma necesita un corte limpio, y 2034 es razonablemente lejos. No hay forma de saber aún quién tiene razón.
Mateo Ruiz: Y si pasamos del escritorio al sistema en sí, hay un caso técnico muy jugoso: un exploit de kernel nuevo para PS5, llamado Relapse. Funciona en firmwares desde la 7.00 hasta la 13.60, y la técnica combina corrupción de typearray en el JavaScriptCore del navegador con un use-after-free en aio_multi_wait para conseguir lectura y escritura a nivel kernel.
Clara Vega: O sea, dos bugs encadenados: uno te da un punto de apoyo en el sandbox del navegador, y el otro te escala hasta el kernel. Y la discusión técnica aquí es más sobre el significado que sobre la mecánica. Para los usuarios, es la puerta a homebrew y, en última instancia, a piratería, y eso es lo que siempre genera el debate ético: hay quienes celebran la conservación y la libertad del hardware que compraste, y quienes advierten del obvio impacto en la seguridad en línea de las consolas.
Clara Vega: Lo que casi nadie discute es la calidad técnica del exploit, que se considera elegante.
Mateo Ruiz: Y en software más pacífico, pero igual de técnico, dos lanzamientos que la comunidad de sistemas ha recibido bien. Primero, Tcl/Tk 9.1.0, que salió el veintinueve de septiembre, y lo notable es que Tk añade accesibilidad para lectores de pantalla y texto bidireccional, mientras que Tcl mejora el soporte Unicode, los temporizadores y añade lfilter. Y lo interesante de la discusión es que un toolkit con décadas encima sigue recibiendo mejoras que la industria moderna considera básicas.
Mateo Ruiz: Es la señal de un proyecto que se cuida, no que se abandona.
Clara Vega: Y lo mismo se puede decir del otro: NSL, que propone máquinas Linux al estilo WSL, pero usando contenedores systemd-nspawn dentro de una sola VM, gestionados con systemd-vmspawn. La diferencia clave con distrobox, y esto es lo que se destaca en la discusión, es que NSL no monta tu $HOME del host dentro del contenedor. Eso lo hace más aislado y más limpio, a costa de algo más de fricción. Hay quien dice que es exactamente el modelo correcto, y quien prefiere la comodidad de distrobox.
Clara Vega: Es un trade-off clásico entre aislamiento y conveniencia, y la respuesta depende de para qué uses la máquina.
Mateo Ruiz: Y para cerrar este bloque de desarrollo, algo del mundo de los motores de juego: Godot con GDExtension y godot-cpp 10 más Conan permite usar cualquier biblioteca de C o C++ en un proyecto. Y la demo que se usó para mostrarlo simula cien mil partículas con la biblioteca flecs. Cien mil.
Clara Vega: Y lo que se discute no es tanto la demo en sí, sino lo que representa: hasta ahora, meter una dependencia C/C++ externa en Godot era un dolor. Si esto funciona tan bien como sugiere la demo, Godot se abre a todo un ecosistema de bibliotecas que antes estaban fuera de alcance: física avanzada, audio profesional, lo que sea. Y hay quien advierte que GDExtension siempre ha permitido esto en teoría, pero que la pieza que faltaba era la gestión de dependencias, y Conan la resuelve.
Clara Vega: Es un cambio de infraestructura silencioso que puede tener más impacto que muchas features visibles.
Mateo Ruiz: Y hablando de infraestructura silenciosa, hay un caso geopolítico fascinante: las sanciones de Estados Unidos contra la Corte Penal Internacional llevaron a los Países Bajos a construir un ecosistema basado en NixOS para reemplazar a Microsoft. Están en fase de pruebas, con primera versión a finales de 2027.
Clara Vega: Es un caso donde la soberanía tecnológica deja de ser un eslogan y se convierte en un proyecto con fecha. Y la discusión aquí es sobre si es realista. Los defensores dicen que NixOS es precisamente el tipo de sistema que permite replicar entornos de forma reproducible, ideal para instituciones. Los escépticos preguntan por la escala: reemplazar Microsoft en una organización gubernamental es un proyecto de años, y 2027 para una primera versión es, siendo generosos, optimista.
Clara Vega: Pero lo que todos reconocen es que las sanciones cambiaron el cálculo de riesgo: cuando tu proveedor puede convertirse en instrumento de presión política, la dependencia deja de ser solo técnica.
Mateo Ruiz: Y eso nos lleva de lleno a infraestructura en el sentido más físico: energía. Y aquí tenemos tres historias de sistemas que, a diferencia de la vigilancia de Londres o de la web de la Casa Blanca, sí funcionan.
Clara Vega: La primera es la de Vermont. La eléctrica GMP tiene una central virtual que reúne más de cinco mil quinientas baterías domésticas. El modelo: la compañía paga cincuenta y cinco dólares al mes durante diez años por el acceso a esas baterías, y las coordina cuando la red lo necesita. Y el dato clave es que esa central virtual ya es la mayor fuente de energía del estado.
Mateo Ruiz: Es un dato que sorprende porque rompe la intuición. La mayor fuente de energía del estado no es una central, son las baterías de las casas de la gente coordinadas desde la nube. Y en la discusión, el punto más repetido es que el modelo de negocio es el ingenio: pagas un alquiler fijo al propietario de la batería, a cambio de poder usar su recurso en los momentos críticos. Es infraestructura distribuida financiada por suscripción.
Mateo Ruiz: La pregunta abierta es qué pasa cuando el subsidio termine, o cuando crezca tanto que el comportamiento de las baterías empiece a afectar la red de formas no previstas. Pero como prueba de concepto, está funcionando.
Clara Vega: La segunda historia es más técnica: Backblaze, que publica cada trimestre el estado de salud de sus discos. En el segundo trimestre analizaron trescientos cincuenta y cuatro mil cuatrocientos quince discos, con una tasa anual de fallos global del uno coma setenta y tres por ciento. Y además anuncian un acuerdo de almacenamiento multiexabyte con CoreWeave.
Mateo Ruiz: Y este informe es de los pocos lugares donde hay datos reales, a escala masiva, sobre cuánto duran los discos duros de verdad. El AFR del uno coma setenta y tres por ciento es consistente con los rangos que han publicado históricamente. Y lo que se debate en los comentarios es si la muestra sigue siendo representativa, porque Backblaze compra discos concretos en momentos concretos, y la mezcla de fabricantes y modelos sesga los resultados.
Mateo Ruiz: Sobre el acuerdo con CoreWeave, la lectura es que la demanda de almacenamiento para IA está reordenando el negocio del hosting: hasta un proveedor de backup como Backblaze se está convirtiendo en proveedor de capacidad a escala de nube.
Clara Vega: Y la tercera historia es la más impresionante en términos de resultado: Delhi redujo las pérdidas eléctricas del cincuenta por ciento al cinco por ciento desde 2002. El cincuenta por ciento de la electricidad que se generaba se perdía por una red en mal estado, con equipo obsoleto y robos de energía. Y en dos décadas lo bajaron al cinco por ciento.
Mateo Ruiz: Y esto es una lección de gestión de infraestructura de primer orden. Reducir pérdidas a la décima parte significa que la misma generación sirve a mucha más gente, sin construir una sola central nueva. En la discusión se destaca que no fue tecnología punta, fue trabajo aburrido: reemplazar equipo, medir, perseguir el robo, cobrar.
Mateo Ruiz: Y la conexión con el resto del episodio es clara: mientras en unos sitios se gastan trescientas veinte mil libras en vigilancia que no arresta a nadie, en otros se reconstruye una red eléctrica que sí entrega el servicio. La diferencia no es el presupuesto, es a qué se le destina.
Clara Vega: Y ese contraste entre tecnología que sirve y tecnología que no nos lleva al cierre, donde hay un poco de todo: salud, libros, y hasta un mapa del cielo.
Mateo Ruiz: Empecemos por el dato más serio: un estudio de Lancet Oncology atribuye dos coma tres millones de casos de cáncer en 2024 a infecciones. Eso es cerca del doce por ciento de los nuevos casos, con Helicobacter pylori y el VPH a la cabeza.
Clara Vega: Y lo relevante de esta cifra es que es, en teoría, la parte más prevenible del cáncer. H. pylori se trata con antibióticos; el VPH tiene vacuna. Que dos punto tres millones de casos al año vengan de infecciones tratables o prevenibles significa que una fracción sustancial del cáncer global es, en principio, evitable con salud pública básica. La discusión se centra en el acceso: el VPH y H. pylori golpean más donde menos recursos hay.
Clara Vega: Es un dato de epidemiología con una conclusión de política sanitaria.
Mateo Ruiz: Y pasando a los libros, hay una relectura de un clásico que genera debate: Sustainable Energy Without the Hot Air, de David MacKay, del 2008, que sigue gratis en línea. Y las críticas actuales se centran en dos cosas: la falacia de la energía primaria, que MacKay manejaba de una forma que hoy se considera equivocada o al menos engañosa, y los precios de solar y eólica de 2008, que no tienen nada que ver con los de hoy.
Clara Vega: Y aquí hay una discusión interesante sobre cómo se lee un libro técnico dieciocho años después. Hay quien dice que la estructura mental del libro, pensar en energía en unidades físicas por persona, sigue siendo lo más valioso que hay, y que los números concretos envejecen pero el método no. Otros dicen que precisamente porque los números cambiaron tanto, el libro puede inducir errores graves si se lee hoy sin contexto. Ambas cosas son ciertas, y por eso el debate sigue vivo.
Mateo Ruiz: Y de energía a algo más doméstico pero igual de elocuente: un estudio que mide cuántos estadounidenses hospedan amigos o familia en su casa al menos una vez al mes. En 1975 era el cuarenta y dos por ciento. En 2026, el doce por ciento. Un colapso del setenta por ciento en cincuenta años.
Clara Vega: Y este dato es de los que duelen porque es difícil de explicar con una sola causa. En la discusión se barajan varias: casas más grandes pero con menos gente dentro, el costo de la vida que hace que la gente trabaje más y socialice menos, la migración de la vida social a las pantallas, la caída de la vida comunitaria en general. Nadie sabe la causa exacta, y esa es honestamente la parte más inquietante: no es que sepamos por qué pasa y no lo arreglamos, es que no sabemos bien por qué pasa.
Mateo Ruiz: Y la vida social también pasa por los libros, así que encaja un hilo de Ask HN pidiendo recomendaciones de lectura, donde domina la serie Dungeon Crawler Carl, que es literariamente lo opuesto a Infinite Jest pero aparece en el mismo hilo, junto con Seeing Like a State y Normal Accidents.
Mateo Ruiz: Y lo curioso de esa mezcla es que refleja lo que la gente realmente lee: ficción pulp adictiva conviviendo con ensayos sobre cómo los estados arruinan cosas y sobre cómo los sistemas complejos fallan de formas inevitables. No hay jerarquía; hay apetito de todo.
Clara Vega: Y para cerrar de verdad, algo bonito: space.bl2.net, el Sistema Solar a escala real en tu navegador. Con quinientos veintiséis mil asteroides del catálogo JPL SBDB, elementos orbitales de CelesTrak, el algoritmo SGP4 corriendo en web workers, y actualizado a diario.
Mateo Ruiz: Y es un buen cierre porque es ingeniería que no pide nada a cambio: datos reales de agencias públicas, computación en el navegador bien hecha, y una experiencia que te da una sensación de escala que ninguna imagen estática puede dar. Después de un episodio lleno de agentes que prometen, vigilancia que no funciona y datos usados en tu contra, es un recordatorio de que la tecnología también puede simplemente mostrar el universo y callarse la boca.
Clara Vega: Pues con eso cerramos. Gracias por acompañarnos, soy Clara Vega.
Mateo Ruiz: Y yo Mateo Ruiz. Nos vemos en el próximo.