
0816 | Por qué sigo siendo escéptico: IA en fármacos, cirugía polémica y bug de Zsh
Show notes
Un repaso variado por lo más comentado en Hacker News: desde el escepticismo de un desarrollador sobre el valor real de los modelos de lenguaje y el papel de la IA en el descubrimiento de fármacos, hasta la hazaña de acelerar un kernel 232 veces con agentes de código y la tesis de que trabajar con IA se parece más al liderazgo que a la programación. También se habla de herramientas nuevas como Yadda 3.0 y ThoughtDAG, y de la promesa del desarrollo agéntico. En salud, se analizan la controvertida
Línea de tiempo
- 00:00:00 Apertura
- 00:00:42 Sigo siendo escéptico: el valor real de los LLM
- 00:02:19 IA en el descubrimiento de fármacos
- 00:03:44 Auto-investigación con Codex: un kernel 232 veces más rápido
- 00:05:17 Trabajar con IA: más liderazgo que programar
- 00:06:45 Yadda 3.0: BDD en la era de los agentes de IA
- 00:08:21 ThoughtDAG: un grafo de contexto editable para conversaciones con LLM
- 00:10:00 La cirugía de alzhéimer que promete revertir síntomas
- 00:11:36 Semaglutida y menor riesgo de demencia
- 00:13:11 La grasa abdominal predice el riesgo cardiovascular mejor que el IMC
- 00:15:10 Test casero para garrapatas infectadas y el diagnóstico de Lyme
- 00:16:27 Cazando un bug de pérdida de datos en el historial de Zsh
- 00:17:48 Tess: un compositor Wayland para Android
- 00:19:14 Funciones anidadas de GCC sin trampolines
- 00:20:41 La señal Wow, a los 49 años
- 00:22:04 Recuerdo de Bede Liu, pionero del procesamiento digital de señales
- 00:23:34 Cultivar el estado mental donde nacen las ideas nuevas
- 00:25:25 El otro Sean Byrne no existe
Enlaces relacionados
- I Remain a Skeptic - Bri Hacker News Campaign Feed
- AI in drug discovery – what it is, where we stand and the path forward - Bri Hacker News Campaign Feed
- Auto-research with codex: How I achieved a 232x Faster Kernel - Bri Hacker News Campaign Feed
- Working with AI feels more like leadership than coding - Bri Hacker News Campaign Feed
- Yadda 3.0.0: BDD in the Age of AI Agents - Bri Hacker News Campaign Feed
- Show HN: ThoughtDAG – An editable context graph for LLM conversations - Bri Hacker News Campaign Feed
- A controversial Alzheimer's surgery is said to reverse symptoms - Bri Hacker News Campaign Feed
- Semaglutide linked to lower predicted dementia risk - Bri Hacker News Campaign Feed
- Abdominal fat predicts heart disease risk better than BMI - Bri Hacker News Campaign Feed
- At-home test for infected ticks could improve Lyme Disease diagnosis - Bri Hacker News Campaign Feed
- Tracking down a Zsh history data loss bug - Bri Hacker News Campaign Feed
- Tess's Android Wayland Compositor - Bri Hacker News Campaign Feed
- Using GCC's Nested Functions with Wide Pointers and No Trampolines II - Bri Hacker News Campaign Feed
- The Wow signal was a strong narrowband radio signal detected on August 15, 1977 - Bri Hacker News Campaign Feed
- Bede Liu, a digital signal processing pioneer, has died - Bri Hacker News Campaign Feed
- Cultivating a state of mind where new ideas are born (2023) - Bri Hacker News Campaign Feed
- The other Sean Byrne doesn't exist - Bri Hacker News Campaign Feed
Este episodio es producido por Bri. Bri usa tecnología avanzada de IA para convertir los feeds que te importan en podcasts pensados para escuchar. Puedes escribirnos a hi@bri.so.
Transcript
Clara Vega: Muy buenas. Esto es Hacker News diario, el podcast de Bri. Soy Clara Vega.
Mateo Ruiz: Y yo soy Mateo Ruiz. Un episodio más para repasar lo más interesante que ha dejado la comunidad en las últimas horas.
Clara Vega: Hoy tenemos un poco de todo: un artículo que se pregunta por qué su autor sigue siendo escéptico, una mirada a la inteligencia artificial en el descubrimiento de fármacos, y una reflexión sobre cómo trabajar con IA se siente más como liderar que como programar.
Mateo Ruiz: También hablaremos de una librería de desarrollo para JavaScript, de un proyecto para ejecutar programas Linux, de la insulina semaglutida y el riesgo de demencia, y hasta de una señal de radio detectada en los años setenta que todavía intriga a los astrónomos. Vamos allá.
Clara Vega: Empecemos con un texto que titula su autor sin rodeos: "Sigo siendo escéptico". Es de Joshua Barretto, publicado hace unos días en su blog personal y muy comentado en Hacker News. Su idea central es esta: todavía no usa modelos de lenguaje para nada que de verdad le importe, y cree que la pregunta de si sirven para construir software no trivial sigue sin resolverse, muy lejos de hacerlo.
Mateo Ruiz: Y aclara por qué. Cuatro años después de la llamada revolución, dice, la industria casi no tiene nada que mostrar: el software no ha mejorado en calidad, ni en velocidad, ni en el coste de producirlo, y dejaría de lado la "demoware" de baja calidad. Y añade algo contundente: desde luego no se ha vuelto más seguro.
Clara Vega: Hace también un repaso de la evidencia. Dice que, billones de dólares después, apenas hay estudios independientes que demuestren mejoras de productividad de nivel superior. Los que conoce miden métricas que no tienen mucho que ver con la productividad real, como líneas escritas o funciones añadidas, o son muestras demasiado pequeñas. Y los más rigurosos apuntan a ganancias marginales o incluso negativas.
Mateo Ruiz: Su propia experiencia va en la misma línea. Las revisiones de código generadas por modelos que recibe en sus proyectos las describe como "basura": menos repetitivas y menos consistentes en estilo, pero no más útiles para su propósito, y la proporción que merece fusionarse sigue siendo mucho menor que la de las contribuciones humanas.
Clara Vega: Aún así, dice no sentirse en desventaja por no usarlos, y nadie le ha quitado el prestigio reputacional de sus proyectos de código abierto. Los modelos de frontera, afirma, siguen fallando cosas obvias. Y aporta un detalle con peso: varias de sus librerías están en los árboles de dependencias de empresas grandes de tecnología, y le llegan informes de escaneos hechos con modelos de frontera.
Mateo Ruiz: Pasamos a otro debate muy distinto, sobre la aportación real de la inteligencia artificial al descubrimiento de fármacos. El hilo de Hacker News parte de un artículo en una revista científica sobre dónde está hoy esa tecnología, y la discusión tiene un tono inusualmente prudente.
Clara Vega: Un comentarista resume el mensaje central del artículo: la recomendación para las empresas de IA y para los investigadores es que piensen más en por qué usan ciertas técnicas, en lugar de adoptarlas solo porque son nuevas. Y aquí hay una lección que desearía ver en quienes tienen poder e influencia, porque el impacto, cuando falla, suele ser drástico y caro.
Mateo Ruiz: Alguien le responde que los científicos de descubrimiento de fármacos piensan en qué hacen y por qué todo el tiempo; la IA es solo otra herramienta. Y matiza con una idea importante: los fármacos tardan años en desarrollarse, más tiempo del que llevan disponibles estas tecnologías, así que medir su verdadero impacto va a tomar mucho.
Clara Vega: Y como suele pasar en estos hilos, la conversación deriva de pronto hacia la caída del cabello. Un usuario pide un tratamiento urgente, y le contestan que ya existe la finasterida, aunque con una advertencia dura: que te castra químicamente.
Mateo Ruiz: El propio hilo matiza eso. No le ocurre a todo el mundo, pero sí a suficientes usuarios como para justificar un monitoreo vigilante y ajustar la dosis. Otro comentarista cifra esos efectos secundarios en torno al dos por ciento de los usuarios, y dice que son reversibles al dejar el tratamiento. Y hay quien recomienda la versión tópica del medicamento.
Clara Vega: Ahora una historia de optimización de kernels que demuestra hasta dónde puede llegar esta colaboración. Un desarrollador explica en su blog cómo logró hacer un kernel más de doscientas veces más rápido que la línea base usando Codex, en la que llama su primera incursión seria en la auto-investigación.
Mateo Ruiz: Hablamos de un concurso organizado por GPU Mode y Core Automation: implementar una factorización QR compacta de Householder por lotes sobre matrices de GPU, un cálculo que tiene una función equivalente ya disponible en PyTorch.
Clara Vega: El resultado: quedó en el puesto doce de ciento ochenta y tres participantes, con una aceleración de doscientas treinta y dos veces sobre la solución base. Y eso no fue casualidad: durante catorce días hizo más de mil quinientos envíos, en un entorno diseñado para que los agentes trabajaran cómodamente y con un verificador que daba retroalimentación por cada forma de entrada, además de la media geométrica de los tiempos.
Mateo Ruiz: Lo curioso de este ranking es el contexto de quién estaba compitiendo. El autor señala que el participante justo por encima de él, con un alias que suena a militar, es ingeniero principal en NVIDIA. Él mismo llevaba un año con lo básico de optimización de kernels en Triton y algo de CUDA, sin experiencia profesional en el dominio.
Clara Vega: Y en la discusión de Hacker News hay más detalles. En un momento la cuenta de trabajo se quedó sin créditos en la plataforma de computación, por el volumen de envíos. También se comenta que las versiones definitivas recientes de otro modelo, DeepSeek, se probaron sobre el repositorio de un códec de video semiabandonado que incluye su propio verificador de bitstream, en un ciclo de hacer benchmark, perfilar y repetir.
Mateo Ruiz: Cambiamos completamente de tema: una nota breve titulada "Trabajar con IA se siente más como liderazgo que como programar", de Allen Bargi. Es una lectura de dos minutos, y la tesis es elegante.
Clara Vega: Bargi empieza contando que durante casi toda su carrera el código le dio certeza: un programa hace lo que dicen sus instrucciones, y si la misma entrada producía un resultado distinto, eso era un bug. Las personas nunca fueron así. Como líder, podía explicar una tarea y obtener exactamente lo pedido, o algo mejor, porque un colega entendió la intención. Y a veces el resultado revelaba que no había sido tan claro como creía.
Mateo Ruiz: Trabajar con IA, dice, se acerca más a esa segunda experiencia. La misma petición puede producir respuestas distintas, conexiones útiles, omitir un punto obvio o sorprender con un enfoque que no se había considerado. Tratar a la IA como un compilador resulta frustrante; tratarla como una colaboración resulta más útil.
Clara Vega: Ojo, y él lo aclara: eso no convierte a la IA en una persona. No tiene experiencia vivida, ni rendición de cuentas, ni juicio humano. La comparación es sobre el modo de trabajar, no sobre la naturaleza de la herramienta.
Mateo Ruiz: Y aquí está lo práctico. Los buenos líderes comparten contexto, explican el resultado deseado, fijan límites y responden a lo que vuelve. Esos mismos hábitos, dice, mejoran el trabajo con IA. El prompt ayuda, pero un contexto de trabajo compartido ayuda más: ejemplos, correcciones e instrucciones reutilizables reducen malentendidos. Pasamos años aprendiendo a decirle a las computadoras exactamente qué hacer; ahora también vale la pena aprender a comunicar intención.
Clara Vega: Cerramos con una librería que promete tomar más valor en la era de los agentes: Yadda tres punto cero, una herramienta de desarrollo dirigido por comportamiento para JavaScript. Como Cucumber, traduce especificaciones en lenguaje ordinario a código ejecutable, pero de forma menos prescriptiva.
Mateo Ruiz: Su autor, Stephen Cresswell, sostiene que las especificaciones ejecutables pueden volverse aún más valiosas con el desarrollo agéntico. Y lo más interesante no es la modernización técnica —ahora es solo Node, abandonó integraciones obsoletas, pasó a un marco de pruebas más actual y adoptó nuevas herramientas— sino quién hizo la mayor parte del trabajo: Claude Code, con el modelo Opus cuatro punto ocho.
Clara Vega: Cresswell cuenta que el "epic" de la versión tres, escrito por Claude, dividió la tarea en fases planificadas por separado. Él intervino muy poco, y Claude cometió pocos errores y detectó casos límite sutiles. Una decisión clave fue no tocar código de producción y tests en el mismo paso, para que la suite de pruebas verde siguiera siendo una restricción externa firme. Del inicio a la publicación pasó aproximadamente un día.
Mateo Ruiz: Tiene además una advertencia enriquecedora de un experimento previo. Un Claude muy restringido y supervisado le daba resultados excelentes; sin control, tendía a la deriva arquitectónica, código innecesario y deuda operativa. Su tesis final resume el espíritu de toda la conversación de hoy: la codificación ya no es el cuello de botella. Con varias sesiones de Claude Code, ramas de Git y su visor de agentes, el límite es la capacidad humana de coordinación —tres tareas cómodas, a veces cuatro o cinco—, así que la orquestación y el contexto, como decía el autor anterior, se vuelven la habilidad que de verdad mueve el resultado.
Clara Vega: Hablando de context diagrams, hay un proyecto muy interesante llamado ThoughtDAG que acaba de aparecer en Hacker News. La idea central es simple pero potente: en este sistema, los cables —las conexiones entre ideas— SON el contexto. Cada pregunta y respuesta forma un nodo, y cuando preguntas desde un nodo, solo los nodos de los que dependes directamente entran en lo que ve el modelo.
Mateo Ruiz: O sea que no es una decoración visual del historial, sino que decide realmente qué información recibe el modelo.
Clara Vega: Exacto. Si borras una conexión y regeneras, esa rama de la conversación sale del contexto real del modelo, no solo de la pantalla. La interfaz está pensada deliberadamente para que el usuario controle todo; el autor está probando si ese control explícito del contexto ayuda en investigaciones largas o si la gente prefiere dejar que un sistema de recuperación elija la memoria por ellos.
Mateo Ruiz: Y parece que hay un ecosistema alrededor. ¿No mencionaba proyectos similares?
Clara Vega: Sí. El autor citó varias aproximaciones parecidas: el proyecto Microsoft Huabu para interacción espacial con material de investigación, LLM Canvas, y los experimentos de chat ramificado de tldraw. Aunque matizó que muchos canvas de flujo de trabajo usan nodos y cables pero como tuberías de ejecución; aquí la interacción es estrictamente sobre contexto: un cable cambia lo que recibe el modelo, y quitarlo deja el trabajo anterior visible pero excluido de la siguiente inferencia.
Mateo Ruiz: Y alguien en el hilo recordaba que los primeros hilos de texto de Zed permitían editar el historial completo como documento.
Clara Vega: Cierto. También hubo una pregunta técnica relevante: si cambiar el contexto ralentiza la fase de prefill del modelo. Un comentarista respondió que siempre habrá un equilibrio, y que es mejor verlo como una alternativa a la compactación; puso el ejemplo de un detalle...
Clara Vega: Pasemos a un tema muy distinto y más delicado. La revista Nature ha cubierto una cirugía controvertida llamada anastomosis linfático-venosa cervical profunda, o dcLVA, que conecta pequeños vasos linfáticos del cuello —parte del sistema de drenaje que elimina desechos del cerebro— con venas cercanas, para que el líquido y las proteínas de desecho fluyan más fácilmente al torrente sanguíneo.
Mateo Ruiz: ¿Y esto se está ofreciendo a pacientes con alzhéimer?
Clara Vega: Sí, y el origen es llamativo. El primer paciente del mundo fue un hombre de unos ochenta años operado en septiembre de 2020. Un vídeo de su recuperación muestra que a los tres días identifica a su hijo, a los seis meses conversa sentado, y a los ocho meses camina por un pasillo del hospital y recita de memoria un himno militar de casi un siglo.
Mateo Ruiz: Con un caso así, no es raro que la gente se entusiasmara.
Clara Vega: El tratamiento se reportó por primera vez en 2022, en una revista en lengua china, por el microcirujano Qingping Xie, presidente del Hospital Qiushi en Hangzhou. Al año siguiente, Wei Chen, microcirujano de linfáticos de la Cleveland Clinic en Ohio, empezó a mostrar ese vídeo en reuniones quirúrgicas con el consentimiento de Xie y de la familia. Chen recuerda que a mucha gente se le cayó la boca —literalmente, dice que muchos se quedaron sin habla— y comenzó un frenesí.
Mateo Ruiz: ¿Y dónde se hicieron esas cirugías?
Clara Vega: Casi todas en China. Cientos de hospitales ofrecían el procedimiento experimental, impulsado por vídeos testimoniales virales y campañas agresivas en Douyin y WeChat. Miles lo buscaron, y muchos pagaron más de 200.000 yuanes, unos 30.000 dólares. Ante esa adopción rápida sin evidencia sólida, el año pasado los reguladores chinos restringieron el procedimiento a entornos de investigación clínica.
Clara Vega: Cambiando de tema, hay un hilo de Hacker News sobre el titular de que la semaglutida está vinculada a un menor riesgo de demencia previsto. Todo empezó con un comentario recordando que la diabetes es un factor de riesgo conocido para la demencia.
Mateo Ruiz: Y se armó un debate más amplio sobre dieta y estilo de vida.
Clara Vega: Efectivamente. Un usuario enmarcó el tema en lo que llamó enfermedades occidentales y dietas altas en azúcar, viendo la semaglutida como una contramedida —todavía no una vacuna, pero con el tiempo, probablemente vía terapia génica—, y además afirmó que la fructosa favorece las metástasis y la diseminación del cáncer.
Mateo Ruiz: Pero eso no convenció a todos.
Clara Vega: No. Alguien replicó que el problema es solo el sedentarismo y que no existe diabetes adquirida en personas físicamente activas. Otro comentarista matizó que el estudio es bueno, pero que las dosis usadas son demasiado altas y que los ratones rara vez son un modelo fiable. Además señaló que el propio estudio muestra que la glucosa inhibe el comportamiento, así que lo señalado podría ser un efecto de la fructosa contrarrestado por la glucosa, y que la cuestión real sería la proporción entre fructosa y glucosa. El azúcar de mesa, al aportar partes iguales de ambas moléculas, quedaría exculpada.
Mateo Ruiz: Y otro comentarista, que se describía como no occidental, apuntaba que las dietas altas en azúcar están en todas partes si la gente puede pagarlas, así que no veía una división real entre Occidente y Oriente.
Clara Vega: En la línea más equilibrada, un usuario señaló que el sedentarismo también es relevante y que probablemente hay muchos factores interconectados. Los agonistas del receptor GLP-1 parecen ayudar con más de uno de ellos, aunque desentrañar las cadenas exactas de causalidad será muy complejo. Aun así, su conclusión fue que el panorama general sigue viéndose bien.
Clara Vega: En el ámbito de la salud cardiovascular, hay un estudio publicado en JACC, la revista insignia del Colegio Americano de Cardiología, que concluye que la circunferencia de cintura y el índice cintura-cadera predicen mejor el riesgo de enfermedad cardiovascular que el IMC.
Mateo Ruiz: ¿Y estamos hablando de un estudio sólido?
Clara Vega: Sí, es amplio. La investigación, de la Colaboración Trans-Cohorte, cubrió más de 260.000 personas durante un promedio de veinte años. El autor principal, Michael J. Blaha, director de investigación clínica del Centro Ciccarone de Johns Hopkins, dijo que la circunferencia de cintura y el índice cintura-cadera reclasifican el riesgo definido por los umbrales tradicionales de IMC, y que vieron individuos con peso normal clínicamente determinado pero adiposidad central elevada y un índice cintura-cadera alto, asociados a mayor riesgo.
Mateo Ruiz: Es decir, que puedes tener un IMC normal y aun así estar en riesgo.
Clara Vega: Exactamente. Entre las personas con peso normal según el IMC, el 5% tenía circunferencia de cintura alta y el 18% índice cintura-cadera alto. Entre quienes tenían sobrepeso, esas cifras suben al 39% y 40%. Y al revés: entre quienes tenían obesidad, el 9% tenía cintura baja y el 45% índice cintura-cadera bajo. En la mayoría de los nueve desenlaces estudiados, tener una medida alta con peso normal o sobrepeso se asoció a un riesgo entre un 15% y un 50% mayor. En cambio, quienes tenían obesidad pero cintura baja no mostraron un riesgo significativamente distinto.
Mateo Ruiz: Y esto tiene una explicación fisiológica clara.
Clara Vega: Sí: la grasa visceral, que rodea los órganos abdominales, se asocia a enfermedades crónicas como cardiopatía y diabetes, mientras que la subcutánea no está tan asociada. Eso explica por qué la distribución importa tanto.
Mateo Ruiz: En Hacker News, claro, algunos decían que esto no es nuevo, que ya se sabía desde hace años que el problema es estar con exceso de grasa —overfat, como decía uno—, no tener sobrepeso, aunque ambas cosas suelen correlacionar. Tienen su punto, pero el estudio aporta cifras mucho más precisas para reclamar esa idea.
Clara Vega: Y para cerrar con salud, hay una historia de Smithsonian Magazine sobre la primera prueba casera de garrapatas infectadas, pensada para mejorar el diagnóstico de la enfermedad de Lyme.
Mateo Ruiz: Eso puede sonar de nicho, pero en algunos países está dejando de serlo.
Clara Vega: Justamente por eso el hilo en Hacker News es interesante. Un comentarista abría diciendo que esto parece un gran avance. Aquí en Reino Unido, explicaba, la enfermedad de Lyme ha sido historicamente un problema marginal —las picaduras de garrapata no lo eran tanto—, pero con el cambio climático tan rápido y la población de ciervos y jabalíes silvestres en aumento, algunas zonas del país están viendo cómo esto se convierte en un problema real.
Mateo Ruiz: Y esa es la clave de una prueba casera así: poder comprobar si la garrapata que te picó estaba infectada, y actuar en consecuencia.
Clara Vega: Exacto. ¿Por qué tener que esperar a que aparezcan los síntomas —y el famoso sarpullido, que no siempre aparece— para decidir si hay que tratar? Si puedes saber pronto si la garrapata portaba la bacteria, adelantas la decisión sobre tratamiento y, sobre todo, te da tranquilidad si resulta que no estaba infectada. Ese es el gran valor de traer el diagnóstico a casa.
Mateo Ruiz: Y en el contexto de lo que hablábamos antes con el alzhéimer, vuelve a verse el mismo patrón: cuando hay una prueba o un procedimiento nuevo, la promesa es poder actuar antes y con más información. Lo difícil es hacerlo con la evidencia suficiente detrás.
Clara Vega: Hay una historia que empieza con una molestia muy personal: Michael Stapelberg llevaba años convencido de que había ejecutado ciertos comandos, pero al hacer Ctrl+R en su terminal, simplemente no aparecían. Su archivo de historial de Zsh terminaba con entradas muy antiguas y años de comandos más nuevos sencillamente faltaban. Y lo curioso es que no había corrupción visible: nada de caracteres extraños ni líneas cortadas, y el número de líneas ni siquiera era constante.
Mateo Ruiz: Lo primero que uno piensa es que el fallo es de Zsh, pero él mismo admite que no sabía si la culpa era del shell, de otro programa o de la combinación de varios procesos de Zsh abiertos a la vez. Usaba sesiones separadas que escriben todas en un mismo archivo de historial compartido.
Clara Vega: En diciembre de dos mil veinticuatro pidió ayuda en Mastodon, y le sugirieron vigilar el archivo con herramientas del sistema. Y ahí apareció el mecanismo real. Zsh no modificaba el historial directamente: leía el archivo antiguo, escribía uno nuevo y luego lo renombraba sobre el viejo, eliminándolo en el proceso. Eso explicaba por qué el historial podía perder contenido sin que se viera ninguna corrupción.
Mateo Ruiz: Y lo de la pérdida de comandos tiene sentido cuando entiendes ese flujo: si una sesión escribía su versión del historial justo cuando otra estaba renombrando la suya, parte del contenido simplemente se perdía en el intercambio. La moraleja es que el historial de Zsh no se actualiza de forma incremental, sino reescribiéndose completo, y eso deja margen para que las entradas desaparezcan.
Clara Vega: Cambiamos de tercio por completo, porque hay un proyecto que promete algo que suena a magia: ejecutar programas Linux, tanto de línea de comandos como gráficos, dentro de un teléfono Android sin necesidad de root. Se llama el compositor Wayland de Tess.
Mateo Ruiz: La clave está en tres piezas combinadas: una alternativa más rápida a la técnica clásica de PRoot para emular el sistema de archivos sin permisos de superusuario, un compositor Wayland, y una interfaz que lo une todo. Y un detalle llamativo: todo el proyecto está construido por agentes de código, principalmente con Claude Code y los modelos más recientes de Anthropic.
Clara Vega: Lo interesante es cómo se integra con Android. Las aplicaciones Linux pueden lanzarse desde el propio cajón de aplicaciones del proyecto, añadirse a la pantalla de inicio del teléfono, e incluso aparecen junto a las apps de Android en el alternador de tareas. Hay soporte para X11 mediante XWayland, un administrador de tareas para ver y matar procesos Linux, y la opción de que los programas accedan a datos de Android si así se quiere.
Mateo Ruiz: Bajo el capó descarga una distribución Linux estándar, como Arch Linux ARM o Debian, y usa un sistema que emula las llamadas al sistema que faltan en un Android sin root, pero de forma más eficiente que PRoot al usar un solo proceso. Los gráficos funcionan gracias a una librería que permite a los programas de Linux cargar los controladores gráficos nativos del teléfono, aunque con una salvedad: la versión original de esa librería no funciona en Android estándar, y el proyecto usa su propia variante.
Clara Vega: En el mundo del compilador GCC hay una charla interesante sobre funciones anidadas, esas que se definen dentro de otra función. El problema histórico es que cuando tomas la dirección de una de ellas, GCC crea un fragmento de código en tiempo de ejecución y lo coloca en la pila, lo que obliga a que la pila sea ejecutable. Y eso es justo lo que los sistemas modernos quieren evitar por seguridad.
Mateo Ruiz: Existe la alternativa de colocarlo en el montículo, pero tampoco es ideal: cuesta más asignar y el fragmento podría filtrarse si se usa un salto de largo alcance. Así que el autor del proyecto plantea dos avances. El primero es que en GCC 16 ya se garantiza que una función anidada que no accede a variables de su función padre no necesita ese fragmento, incluso sin optimización, y queda documentado.
Clara Vega: Y el segundo avance es más elegante. En la rama de desarrollo de GCC 17 se fusionaron dos nuevas funciones incorporadas que permiten escribir el ejemplo sin trampolines: el compilador lo transforma automáticamente y pasa el puntero de datos por un registro especial que muchas arquitecturas ya reservan para la cadena estática. Con un puntero ancho genérico y unas cuantas macros, llega incluso a optimizarse a una sola instrucción en ensamblador.
Mateo Ruiz: Lo interesante es la comparación con un intento anterior: el autor tenía un parche de dos mil dieciocho que GCC no aceptó porque dependía de que los punteros a función estuvieran alineados, y había dudas al respecto. Este nuevo enfoque le gusta más porque no impone coste en tiempo de ejecución y es más fácil de optimizar.
Clara Vega: Pasamos a una de las grandes señales del misterio astronómico: la señal Wow. Fue detectada el quince de agosto de mil novecientos setenta y siete por el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio, que por entonces se usaba en la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Una señal de radio potente y de banda estrecha que parecía venir de la constelación de Sagitario y mostraba los rasgos esperados de un posible origen extraterrestre.
Mateo Ruiz: El astrónomo Jerry Ehman la descubrió días después al revisar los datos. En la impresión rodeó la lectura de intensidad que se resume como seis EQU J cinco, y escribió Wow! al lado. La secuencia duró los setenta y dos segundos completos de observación y, pese a numerosas búsquedas, nunca se ha repetido ni se ha confirmado una explicación terrestre.
Clara Vega: Conviene aclarar qué significa esa anotación: no es un mensaje, sino la variación de intensidad de la señal a lo largo del tiempo. Parecía una onda continua sin modular, y con una salvedad importante: cualquier modulación con un periodo de menos de diez segundos o de más de setenta y dos no habría sido detectable con aquel equipo.
Mateo Ruiz: Entre las hipótesis barajadas están reflejos de desechos espaciales, el centelleo interestelar y nubes de hidrógeno cometario. Y a la discusión se coló el humor: alguien dijo que debería escribirse un libro sobre cómo pudo ocurrir, otro contestó que ese es el punto de partida de El problema de los tres cuerpos, y un tercero matizó que, seguramente en tono irónico, el libro más bien sería Contact.
Clara Vega: Cerramos con un reconocimiento: el mundo de la ingeniería perdió el siete de mayo a los noventa y un años a Bede Liu, considerado uno de los fundadores del procesamiento digital moderno de señales. Enseñó ingeniería eléctrica en Princeton durante más de cincuenta años y presidió el departamento de ingeniería eléctrica e informática de la universidad entre mil novecientos noventa y cuatro y mil novecientos noventa y siete.
Mateo Ruiz: Su campo aplica algoritmos matemáticos para analizar, modificar y transmitir señales como el sonido, las imágenes y el video. Y su investigación fue clave en el paso del procesamiento analógico al digital: los procesadores de señales de bajo consumo que hacen posibles las llamadas móviles, el video en streaming y las comunicaciones por Internet se remontan, según los especialistas, a su trabajo de las décadas de los setenta y los ochenta.
Clara Vega: Su colega V. Vincent Poor, también profesor en Princeton, resumía la huella de Liu con una idea muy cercana: transmitimos música y video y enviamos fotos desde el teléfono sin pensar en ello, pero todo eso es posible gracias al procesamiento de señales e imágenes desarrollado a lo largo de los años, y el desarrollo de esos avances fue exactamente de lo que Bede fue una parte importante.
Mateo Ruiz: El reconocimiento llegó en dos mil dieciocho, cuando recibió la Medalla IEEE Jack S. Kilby de Procesamiento de Señales por sus contribuciones sostenidas al análisis y al desarrollo de realizaciones de baja complejidad de algoritmos de procesamiento digital de señales. Y esa es precisamente la lección de fondo: la tecnología que damos por hecha a diario en el bolsillo descansa sobre décadas de trabajo de personas como él.
Clara Vega: Empecemos con un ensayo que se publicó por primera vez en 2023 y que ha vuelto a encender el debate en Hacker News. Henrik Karlsson, junto con Johanna Karlsson, escribió un texto titulado, en inglés, "Cultivating a state of mind where new ideas are born", o sea, cultivar un estado mental en el que puedan nacer ideas nuevas. El ensayo arranca con una moda de principios de la década de 2010: ofrecer espacios de coworking y viviendas compartidas a fundadores de startups. Miles de incubadoras diferentes lo intentaron, y según el texto, no hay ninguna historia de éxito famosa que salga de ahí.
Mateo Ruiz: Y hay una voz muy conocida detrás de esa idea. Sam Altman, que entonces era presidente de Y Combinator, tuiteó en 2015 que precisamente no ofrecer espacios de coworking es parte de lo que hace que YC funcione. Después, en una entrevista de 2019 con Tyler Cowen, lo explicó con más detalle: las grandes ideas son frágiles y fáciles de matar. En su etapa larvaria suenan mal, dice Altman, y en un espacio compartido la gente se ríe de ellas, así que sus autores las cambian por algo plausible que nunca importará.
Clara Vega: O sea, los coworking matan las peores ideas, pero también las mejores. El ensayo apoya esa visión citando a Picasso, a Baldwin y a Dylan sobre la soledad, y propone las notas de trabajo de matemáticos y cineastas como Grothendieck y Bergman como ventanas a un estado mental en el que las opiniones ajenas no molestan y las ideas larvales encuentran sensibilidad.
Mateo Ruiz: Pero en el hilo, un usuario llamado andy99 plantea el contracaso desde el mundo académico, y dice algo tristemente que muchos pueden reconocer. Hizo su mejor trabajo en el posgrado gracias al entorno. Todos en su laboratorio se beneficiaban de estar juntos cada día. Y su conclusión es que quizá lo que mata las ideas no es el coworking en sí, sino la presión, la competencia, el deseo prematuro de comercializar, o el tipo de personas que terminan volviéndose fundadores. No el espacio compartido.
Clara Vega: Pasemos a otro hilo que toca un tema incómodo: qué pasa cuando tu nombre se convierte en el de otra persona, una persona en una lista de restricciones del gobierno de Estados Unidos. Un artículo publicado en conic.al y firmado por Sean Byrne explica que, en realidad, el otro Sean Byrne no existe.
Mateo Ruiz: La historia va así. En la Consolidated Screening List del gobierno estadounidense hay una sola entrada que reza "Sean Byrne", con una dirección en Drumcliffe, en el condado de Sligo, Irlanda. Fue añadida en 2009 por la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio, y supone un requisito de licencia con una política de presunción de denegación. Es decir, un cruce con esa lista es, en la práctica, un "no". Hay un matiz importante: esa lista consolidada no es en sí misma una lista de sanciones, sino una herramienta que combina listas de los departamentos de Comercio, Estado y Tesoro.
Clara Vega: Pues bien, el autor, Sean Byrne, lleva dieciséis años siendo confundido con esa persona. Y a principios de este año, Apple le denegó el acceso a App Store Connect. El mensaje decía que la información que proporcionó coincide plenamente con una o más partes restringidas en la lista de selección consolidada del gobierno estadounidense u otra lista de sanciones.
Mateo Ruiz: Apple ya tenía su pasaporte, pero él envió, además, su nombre legal completo, Sean Joseph Byrne, su licencia de conducir, y señaló que nunca vivió en esa dirección ni tampoco en el condado de Sligo, pidiendo que el caso se escalara a cumplimiento de sanciones para una determinación formal de que no es la misma persona. Apple todavía no ha respondido.
Clara Vega: Y detrás hay un origen concreto. En 2009, el Departamento de Justicia describió a un Sean Byrne como gerente comercial de Mac Aviation, una empresa irlandesa de piezas de aviación, y lo acusó, junto con otras personas, por la exportación ilegal de equipo aeronáutico de Estados Unidos a Irán. Dieciséis años después, empresas siguen confundiendo al autor con él, y una sola entrada en una lista compartida sigue cambiando la vida de alguien que nunca tuvo nada que ver.
Clara Vega: Y con eso cerramos el recorrido de hoy: escepticismo frente a la IA, historias de errores en herramientas cotidianas como el historial de Zsh, y hasta la señal Wow! de hace casi cincuenta años que sigue despertando curiosidad.
Mateo Ruiz: También nos llevamos algo más grande: trabajar con inteligencia artificial se parece cada vez menos a programar y más a liderar un equipo. Y esa idea vale la pena rumiarla.
Clara Vega: Exacto. Gracias por acompañarnos. Nos escuchamos en el próximo episodio.